Cada vez que mi coche gira por la curva de Argoños y enfila la recta de Berria siento que descorro el telón para contemplar una obra de arte que no me canso de admirar: BERRIA.
Según la luz, con sol o sin él, el contraste del cielo con las líneas azules y blancas de las olas y la arena es de un colorido único.

Un cielo gris plomo a punto de reventar hace una combinación perfecta con el verde rabioso del Brusco y con el color café con leche de la arena mojada.
Un cielo azul limpio contrasta con la gama de verdes que el mar nos deja y se suaviza con el cálido color de la arena seca.
Siempre belleza. El agua en la arena mojada y con la marea baja simula un gran espejo proyectado en gris brillante.

Dicen los marineros que para no marearse a bordo hay que mirar al horizonte. Cuando yo lo hago descubro el infinito y cuento las líneas de olas con espuma blanca que llegan a la orilla y que junto con la línea del horizonte que separa el mar del cielo llamo «mis líneas azules».Ellas me dan la calma. Puedo estar horas y horas contemplándolas.
Ahora cuando cuento los días para llegar y disfrutar del verano, soy capaz de imaginar toda esa paleta de colores del gris plomo al blanco marfil de la arena pasando por todas la gamas de azules y verdes del cielo y del mar y siento el olor de ese color. Porque el color de Berria huele a sal, a mar bella y a espuma que baten las olas.
Berria con «B» de Brusco y de Buciero, sus montes escuderos que la guardan y a la vez la abren sin respeto al mar. Berria al este y al oeste, al norte mar, al sur Marismas y Santoña, sin límites para enamorar a todo el que la ve desde la primera vez.
Berria de mañana cuando apenas está transitada y Berria al atardecer cuando el sol se recoge.
Y esa es la esencia que me hace sentirme BERRIADICTA .
Sólo necesito tener un sitio en la arena y un trozo de orilla para caminarla. Nada más.
Berria con «B» de Brusco y de Buciero, sus montes escuderos que la guardan y a la vez la abren sin respeto al mar. Berria al este y al oeste, al norte mar, al sur Marismas y Santoña, sin límites para enamorar a todo el que la ve desde la primera vez.
Salgo de la curva y aparece el hostal a mi izquierda. Siempre blanco como lo fue su hermano mayor el Hotel de Berria, pero acertadamente pintados de verde sus aleros y las barandillas de sus terrazas.
Conduzco despacio, no quiero perderme ninguno de los detalles como si fuera la primera vez.
A derecha e izquierda haciendo un largo pasillo están los chalets de Berria. A la izquierda los que formaron parte de la colonia veraniega que Doña María Luisa Ibáñez de Betolaza construyó en los años 40 junto con El Barco, el Hotel y el Hostal abiertos a las dunas y al mar. A la derecha sus compañeros, chalets hermosos y antiguos con jardines abiertos a las marismas a los que ahora se han unido otros más, incluso los que yo he bautizado como las «casas californianas» de fachada azul claro,que combina con las hortensias más bonitas y frondosas de Berria.Me encantan!
Sigo avanzando, estoy a punto de llegar al hotel y aparece el depósito de agua antiguo que dio servicio a los veraneantes de aquella época de Berria que no conocí.

La coqueta posada de Las Garzas, los Siete enanitos llamados así porque aunque son 8 a los niños nos parecían una reproducción de nuestros apartamentos.
Solaeta, o la casa alta,se levanta quizás desentonando en el perfil de Berria pero con mucha solera y más historias para contar. Los primeros apartamentos que en Berria tuvieron piscina, cancha de tenis y barbacoa!
A mi izquierda la campa del hotel, afortunadamente territorio virgen y protegido, recuperadas sus dunas intocables con especies autóctonas y erradicada la uña de gato que exultante en primavera añadía con su flor fucsia un nuevo tono al colorido de Berria.
Ya estoy en El Barco! Aún me lo imagino dominando la playa, aunque quede tan poco de sus jardines en cuyo centro y formando ya parte del paisaje, se encuentra el Chiringuito parada obligada cada día camino de casa, y el puesto de helados y chuches de Mari, y la escuela de surf. Al fondo la Residencia de ancianos,mirando en redondo a las marismas.
Todo está en su sitio, un año más, todo seguirá igual. El Bar Nueva Berria, el de Antonio, y al fondo el Penal, magnífico y solemne con su grueso muro y los puestos de vigilancia.

Y el cuartel de la Guardia Civil donde hace muchos años oíamos Misa los domingos
Y la casa del Oso! Y los Apartamentos, mis queridos Apartamentos, los felices veranos de siempre.
Siento que pertenezco a este lugar, y que este lugar me pertenece,
Ya estoy en casa. Berria es el lugar donde siempre quiero volver.
Berria dulce hogar
Berria sweet home








